Me acabo de topar en la red con el fotolg de Emanuel Álvarez, el joven asesinado el sábado ultimo cuando se dirigía a la cancha de San Lorenzo
(www.fotolog.com/el10_depalermo), y me causo una extraña sensación, como una impronta póstuma, un documento que me hace pensar en la extrema brutalidad de la que es capaz el ser humano.
Por otro lado, en otro fotolog, se encuentra un comentario que dice lo siguiente:
“Vélez ¿qué pasó con tu hincha? quién era más polenta?…chau belez (sic) qué …ahora te das cuenta de la realidad. Con los grandes no se jode…te hiciste el malo y ni la caravana te salvo al pibe…un fortinero menos. Vamos cuervo!!”
Me es difícil de creer que haya personas capaces de avalar y justificar tan livianamente un hecho tan trágico como es el asesinato de un joven por parte de un accionar salvaje y falto de todo aprecio por la vida humana.Pienso en como se han salido de perspectiva las cosas valiosas.
Algo que es un simple juego se convierte en una pasión tan enfermiza que es capaz de atentar contra la vida humana y cuando esto pasa, es síntoma inequívoco de que la sociedad esta corrompida en sus valores básicos e inalienables, a la cabecera de los cuales, debe estar la valoración por sobre todas las cosas de la vida humana.
Son cada vez mas frecuentes los hechos de violencia y salvajismo asociados al fútbol. ¿Cómo puede ser que un juego sea capaz de movilizar pasiones tan fuertes y patológicas? Pensando sobre este interrogante, se me ocurre que hay una gran carencia en nuestra sociedad, que es llenada con impulsos salvajes, y que el fútbol, en este caso, sólo es el vector por el cual esos impulsos se movilizan y expresan.
Pienso que estos hechos donde dichos impulsos se manifiestan en particular, son un claro reflejo de los impulsos de la sociedad toda, una masa impulsiva y violenta que encuentra su canal de expresión en los estadios.
Vale aclarar que esta violencia es alentada y auspiciada por pequeños grupos de poder económico y de choque cuya cara visible es la “barra brava”. Detrás de estos ejércitos faltos de toda consciencia, se esconden mafiosos negociados y pugnas de poder. Ellos son la fuerza de choque mediante la cual las mafias asociadas al fútbol cumplen con su trabajo sucio, y lejos están sus actividades del interés por los colores de un club.
Sabido también es que las barras bravas cuentan con beneficios logísticos y económicos otorgados por los mismos clubes. Estos grupos están apoyados por la dirigencia de los clubes.
Existe entonces, detrás de la violencia en el fútbol, un mundo de intereses económicos incalculables que encuentran en los impulsos violentos de estas personas, el terreno fértil que necesitan para hacer funcionar su maquinaria mafiosa.
Es difícil saber como funcionan exactamente estas organizaciones y cuales son los alcances de sus negociados, pues están bien escondidas detrás de las cortinas de humo del fútbol que enturbian la vista de quienes, sin siquiera saberlo, están favoreciendo a estas mafias con su accionar tan poco reflexivo y salvaje.
Sin embargo, debemos recordar que no es orgullo de esta generación la ocurrencia de utilizar el fútbol como distracción de cosas turbias. Un caso emblemático seria el del mundial 78, donde mientras la sociedad estaba festejando el triunfo de Argentina, miles de personas estaban siendo secuestradas, torturadas y asesinadas a manos de la dictadura militar de nuestro país.
Sin embargo me atrevo a decir que desde la roma imperial, los eventos capaces de movilizar al pueblo a través de estímulos carentes de todo sentido y complejidad, donde se mezclaban los juegos con la crueldad y la violencia, fueron el instrumento favorito de los poderes de turno para poder tiranizar libremente, encadenando a su pueblo, pero no con cadenas de metal, sino con esposas hechas de pan y circo.
El futbol, vendria a ser entonces, una version modernizada del antiguo coliseo, donde la masa carente de toda civilidad, iba a saciar sus ancias de sangre y violencia.